En un mundo como éste, en el que algunos ingenuos creen que en occidente reina la libertad y otros incapaces de asumir su responsabilidad creen que la libertad es una entelequia, y que los poderosos hacen y deshacen a su gusto riéndose de nosotros, el Vehemente cree en la Libertad. Siempre. Aunque a veces sólo sea la Libertad de Gritar. Gritar de rabia o gozo, gritar de dolor o de alegría, gritar en contra o a favor, pero siempre con Libertad.

15.12.09

Berlusconi y su cara dura, pero por fin rota

Al que asoma mucho la cara a veces se la acaban partiendo. Y eso es lo que le pasó ayer a Silvio Berlusconi. Berlusconi es un tipo que se ha pasado la vida intentando mostrar su cara al mundo. Empezó como cantante ligero y chuloplaya, de ahí debió pasar a empresario chanchullero (digo debió porque tampoco soy un experto en su vida y no sé muy bien en que orden fue subiendo escalones, y la verdad, el personaje tampoco me interesa tanto como para perder mi tiempo en documentarme al respecto), supongo que con numerosos contactos con la mafia (en esto tampoco es toda la culpa suya, después de leer Gomorra me temo que en Italia todo empresario a partir de cierto nivel los tiene y si no, lo lleva claro), para luego ir entrando en el mundo de los medios (de comunicación, se entiende), el fútbol y a partir de cierto momento y con el único fin de intentar forrarse un poco más y evitar acabar en la cárcel dar el salto a la política, llegando, ahí es nada, a Presidente del Consejo de Ministros de Italia (Primer Ministro).


Así pues, nos encontramos ante uno de esos hombres hechos a sí mismos, de los que uno tiene la sensación de que lo que realmente les mueve es un complejo de inferioridad acojonante. Tipos que hacen todo lo posible por que les quieran, porque en el fondo ellos mismos no son capaces de quererse, porque se ven pequeñajos, feos, inútiles,…, porque no se sienten dignos de ser queridos. Y por eso usan alzas, se operan para que parezca que tienen cincuenta años cuando tienen setenta aún a costa de petrificar su cara y lo que es peor buscan de cualquier modo posible, lícito o no, el poder y el dinero con los que poder comprar voluntades. Pero todo esto no lo hacen porque les quiera su familia, una mujer, un gato,… No. Lo hacen porque les quieran todas las familias, todas las mujeres y, si me apuran, todos los gatos. Tipos tan acomplejados que constantemente tienen que demostrarse, demostrándole al mundo, lo buenos que son. En los negocios, contando chistes, en la cama. Sobre todo en la cama.


Así pues, Berlusconi, lleva toda su vida intentado asomar su patético careto al mundo. Siempre desafiante, como corresponde a alguien que ve enemigos por todas partes. Y al final, al que asoma mucho la cara se la parten. Y resulta que en los últimos tiempos ha empezado a asomarla demasiado y ha empezado a cagarla. La ha cagado asomando su careto en la fiesta de cumpleaños de una adolescente. La ha cagado con la publicación de sus fiestas orgiásticas. La ha cagado intentando hacer leyes con el único fin de salvar el culo. La ha cagado arremetiendo contra el Tribunal Constitucional de su país. La caga cada vez que hace chistes y gracietas machistas. Y en esas condiciones lo más normal es que ocurra lo que tiene que ocurrir: que a mucha gente se le vaya calentando la cabeza. Y entre un grupo tan grande de gente con la cabeza caliente siempre hay algunos que están un poco más para allá, o que no tienen nada que perder, o que les apetece un montón salir en la tele (aunque en Italia casi todas son de Berlusconi, va a estar jodido), o todo junto. Y entre esos pocos que tienen motivos y ganas para partirle la cara al chuloplaya siempre hay alguno que, encima, encuentra la oportunidad. Y ya está. Ya tenemos imagen, titular y noticia para abrir los noticieros. A Berlusconi le parten la cara. Ya puede dar gracias. Merecer, merece mucho más y se va sólo con dos dientes rotos, la nariz fracturada y algunos cortes. Baratas le están saliendo sus tropelías.


Siembra vientos y recogerás tempestades.


El Vehemente.


P.D.: Por cierto, hace pocos días hemos tenido a nivel doméstico, otro ejemplo de eso de sembrar y recoger, con la agresión sufrida por el periodista (si se le puede llamar así) Hermann Tertsch, aunque no esté claro si le atizaron por manipular sistemáticamente en su informatico de Telemadrid o por algún otro motivo.

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